Apolo y Dafne, el mito que Bernini hizo escultura

El mito de Apolo y Dafne es uno de los pasajes más famosos de la mitología griega. Narrado por Ovidio en Las Metamorfosis, ha sido ampliamente representado en cientos de obras pictóricas, escultóricas e incluso literarias.

El mito de Apolo y Dafne

Todo comienza con una serpiente, en concreto, con la serpiente Pitón, tan grande como un monte y capaz de aterrorizar pueblos enteros. Apolo, ataviado con sus dardos, fue capaz de matarla, liberando así al mundo de una gran amenaza.

Tras esto, Apolo se mofó de Cupido, dios del amor (algo parecido a “déjate de disparar flechitas, que el arco es cosa mía, y dedícate a mover las antorchas del amor, ñoño, que eres un ñoño”). Ante esta mofa, Cupido se cogió tal mosqueo que decidió vengarse de Apolo. Así, disparó una flecha de amor a Apolo, y otra de rechazo a Dafne, una ninfa la mar de guapa que era hija del río Peneo.

Un día, cuando Apolo ve a Dafne, influido por la flecha del amor, se enamora perdidamente de ella, por lo que insiste a la joven para que se una a él (llega a ser muy pesado). La ninfa, que ya había convencido a su padre de que quería dedicarse a la caza y no perder su virginidad a manos de ningún hombre, huye asustada del dios, que la persigue pidiéndole su amor (y dale, que no). Dafne, que tiene el viento en contra, se muestra aún más bella a medida que escapa y el viento le ciñe la ropa o incluso la desnuda, haciendo que Apolo apriete el ritmo para alcanzarla (qué pesado).

Cuando Dafne comprende que Apolo es más rápido que ella, le pide a su padre que le cambie la hermosa figura por la que tanto gusta a los hombres. El padre accede, y la ninfa empieza a convertirse en árbol (en un Laurel). Así, los brazos se vuelven ramas, los pies se convierten en raíces y su pelo en hojas.  Cuando Apolo la alcanza, sólo puede darle un beso a la corteza, pues Dafne ha terminado por convertirse en un árbol.

Apolo, entonces, le dice que ya que no pudo hacerla su esposa, la hará su árbol (más pesado y no nace), y que el laurel en el que se ha convertido siempre estará con él como símbolo de los triunfos y el éxito. Por lo visto, la copa del árbol se movió en señal de asentimiento, y así fue.


El Laurel como símbolo del éxito

A pesar de que el mito trata del fracaso del amor, el laurel es sinónimo de éxito desde la Grecia clásica. Así, a los ganadores de los Juegos Píticos (organizados en honor al dios Apolo y cuyo nombre procede de la Pitón que mató) se les ponía una corona de laurel en la cabeza. Esta corona como distinción para los campeones fue recuperada en los Juegos Olímpicos de Grecia de 2004, y actualmente hablamos del adjetivo “laureado” como sinónimo de exitoso. Muchos personajes célebres como Julio César o el propio Ovidio también vistieron la corona de laurel frecuentemente como símbolo de éxito.

ovidio - laurel
Ovidio, autor de Las Metamorfosis, con una corona de Laurel

 

Apolo y Dafne según Bernini

Aunque las representaciones del mito de Apolo y Dafne han sido numerosas, quizás todo el mundo coincida en que la más espectacular es la escultura que hizo Bernini. Representa el momento en el que Dafne empieza a convertirse en el árbol del laurel, con un Apolo sorprendido agarrándola para tratar de impedirlo.

Apolo y Dafne - Bernini Apolo y Dafne - Bernini

Actualmente se encuentra expuesta en Roma, en la Galería Borghese.

Cuadros sobre Apolo y Dafne

Entre todas las representaciones de este mito en la historia de la pintura, nos quedamos con esta pequeña selección:

Piero del Pollaiolo (National Gallery, UK)

Apolo y Dafne - Piero Pollaiolo

Theodoor van Thulden (Museo del Prado)

Apolo y Dafne - Theodoor van Thulden

Francesco Albani (Museo del Louvre)

Apolo y Dafne - Francesco Albani

Giovanni Battista Tiepolo (Museo del Louvre)

Apolo y Dafne - Giovanni_Battista_Tiepolo

Charles de la Fosse (National Gallery of Art, USA)

Apolo y Dafne - Charles de la Fosse

Soneto XIII de Garcilaso de la Vega

No sólo el mundo de la pintura ha tratado el mito de Apolo y Dafne. La literatura también ha querido acercarse al mito, siendo muy popular este soneto de Garcilaso de la Vega que aún se estudia en los colegios:

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh, miserable estado, oh, mal tamaño!
¡Que con llorala crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

 

Fuente principal del artículo: Las Metamorfosis de Ovidio.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Nací en Sevilla en 1988, soy del Betis (manquepierda) y me encanta escribir. Soy autor de "Maldito Destino", la frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera" y actualmente trabajo en marketingpublicidad.es como Director de Proyectos (SEO-SEM-Analítica-SM). Con esto te haces una idea ¿no? :)

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