El Beso

Su época pretendía ocultar el amor, relacionándolo interesadamente a la inconsciencia propia de la juventud. Ella, en cambio, sabía que el futuro era liberarlo, hacerlo común y, sobre todo, algo normal. Aquel día se había levantado nerviosa, sabía que las noticias que llegaban desde la ventana eran trágicas. Había guerra.

La guerra no le asustaba tanto como lo que significaba. Todo hombre sin apellido y en edad de luchar debía ir sin excusas hacia el enemigo, sin preparación, sin otra opción, sin posibilidad de salvación. Su hombre, también. Al elegir vestido lo tuvo claro, se pondría el celeste, ese que tantas veces había elogiado él en las cartas de amor secretas que le escribía cada día.

No tengo más remedio que brindarte,

por siempre, mi corazón,

cuando te miro inundada en celeste

celebro perder hasta la razón.

No era un poeta de renombre, ni lo sería jamás, pero le estremecía que alguien pudiera pararse a pensar en ella, aunque sólo sea un momento, para escribir algo así. Encerrada en casa, no podía hacer otra cosa que leer las cartas que le había ido escribiendo en el último mes, pensando en la suerte que correría a partir de ahora, pensando en los cañones de la guerra. ¿Volverá? Era la única pregunta que se hacía. Le daba igual el cómo, el cuándo y el dónde, simplemente quería que volviera para, al fin, poder besarle por primera vez, decirle un te quiero al oído y escapar juntos a cualquier lugar lejos de aquel mundo opresor.

Al caer la noche, se tumbó en la cama sin ninguna intención de dormir. Lo único que le apetecía era llorar. ¿Por qué el ser humano sólo se empeñaba en crear guerras inútiles? ¿Por qué centrarse en luchar por la patria antes que esforzarse en crear una patria decente? En medio de su odio a la humanidad le sobresaltó un ruido, miró por la ventana y ahí estaba él. Vestido con sus mejores galas. Tapado por la capa que mejor le sentaba. Con una sonrisa ajena a todo lo que le deparaba el destino.

Ella se descolgó por la ventana, sin pensárselo dos veces, y fue a parar a sus brazos. Sin mediar palabra, le miró a los ojos. Estaban oscurecidos por la sombra del farol que se situaba tras él. Ella notó sus manos en su cara, y sin tener tiempo a reaccionar, se vio con los ojos cerrados, besando esos labios que tanto había deseado y agarrándole del hombro para intentar no caerse de la fuerza con la que se besaban.

El Beso - Relato
El Beso – Francesco Hayez

Ambos se estaban besando en público, sin ningún interés en ocultarse a pesar de no haber consagrado matrimonio. A pesar de estar violando cientos de leyes absurdas. Una pareja ajena a que, por una de las escaleras que llegaba hasta su mundo perfecto, subía una sombra. La sombra de la única persona capaz de provocar que la tragedia del honor se adelantara a la tragedia de la guerra. Ellos mismos vaticinaban su sentencia entre beso y beso “el mayor deshonor hubiera sido no besarte, ya puedo morir en paz“. Y así fue.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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