Diógenes el cínico

Diógenes el Cínico

Kynos, perro, así llamaban sus contemporáneos (por ejemplo Platón) a Diógenes de Sínope, uno de los filósofos que más impacto causa en la gente cuando se recuerda su forma de vida. Él, lejos de considerar esta denominación como negativa la asumía cual piropo. Su historia le da sentido al término cínico, una derivación de aquella otra palabra griega, kynos, que le catalogaba. Cínico es, según nuestro diccionario actual, aquel que muestra desvergüenza y, Diógenes, sin duda, no tuvo reparos en vivir enfrentado a los cánones sociales que imperaban en su época.

Todo lo que sabemos de Diógenes el Cínico se lo debemos a los textos de su tocayo Diógenes Laercio, un historiador griego del siglo III d.C. En ellos encontramos muestras claras de la importancia que tuvo este filósofo en su tiempo.

Diógenes el Cínico

En una ocasión, Diógenes fue apresado y, a la pregunta de “¿Qué sabes hacer esclavo?”, respondió “Sé mandar”.

El propio Alejandro Magno quiso conocer en persona al gran Diógenes de Sínope, llegando un día hasta la tinaja en la que vivía el filósofo. El emperador, tras presentarse (y tras presentarse Diógenes como “el perro”), le ofertó “Dime qué deseas, Diógenes, y yo, Alejandro Magno, te lo daré”, Diógenes, que hasta la llegada de Alejandro estaba tomando el sol plácidamente le pidió que se apartara, pues le daba sombra. Tras esto, el propio Alejandro Magno dijo:  “Si no fuera Alejandro Magno quisiera ser Diógenes“.

Diógenes el Cínico

Como ya hemos dicho, Diógenes no consideraba negativo su apodo de perro, de hecho, lo defendía de la siguiente manera “Halago a los que dan, ladro a los que no lo hacen y muerdo a los malos“. Uno de los grandes momentos que se le recuerdan tiene como protagonista este insulto, aunque representado con un simple gesto. Unos hombres le tiraron varios huesos, tratándole como a un perro y riéndose de él; Diógenes, lejos de indignarse, se acercó hasta ellos y les orinó encima, cual perro.

Entre las pocas pertenencias que tenía Diógenes se encontraban un cuenco y un plato. En ambos casos dejó de usarlos gracias a dos niños. El cuenco, el cual usaba para beber agua, fue desterrado de su uso cuando vio a un niño beber con las manos. También se deshizo del plato al ver a otro niño quitar la miga a un pan para echar en ese hueco las lentejas.

Otra de las anécdotas más conocidas que cuenta Diógenes Laercio sobre su tocayo es la siguiente. El cínico encendió en pleno día una lámpara de la época, vagando por las calles diciendo “Busco un hombre“, aludiendo a que entre tanta gente no había ni un hombre honesto.

Diógenes de Sínope

La actualidad de la siguiente anécdota bien merece pararse en ella. Viendo Diógenes cómo unos cargos políticos de la época llevaban preso a un ladrón de hurtos menores, dijo: “Los ladrones grandes se llevan al pequeño“.

También tuvo Diógenes respuestas y consejos escuetos pero arrolladores. Viendo a un joven acicalarse en exceso, le espetó “Si lo haces por los hombres, de nada sirve; si lo haces por las mujeres, malo“. A otro al que se le subían los colores, en cambio, lo elogió: “Ten ánimo, que ese es el color de la virtud“. Si le preguntaban qué vino prefería, contestaba que “el ajeno” y si le pedían consejo sobre cuándo casarse, aconsejaba “Los jóvenes, todavía no; los viejos, nunca“.

No era Diógenes muy bien considerado por Platón. Un día que Diógenes estaba lavando unas hierbas para comerlas, Platón le dijo “Si sirvieras a Dionisios (Dios griego) no tendrías que lavar esas hierbas” a lo que le contestó “Y si tú lavaras hierbas no tendrías que servir a Dionisios“.

Diógenes comía en cualquier sitio, pues lo veía algo absurdo. Igualmente despreciaba la música, la geometría y la astrología por considerarlas innecesarias. Fue, sin duda, un hombre que no dejó indiferente a nadie. Hoy se usa el término “Síndrome de Diógenes” con muy poco acierto, ya que los que sufren esta enfermedad suelen acumular basura y utensilios innecesarios mientras que nuestro filósofo apenas vivía con una manta como mayor posesión, alejando de sí cualquier objeto con nulo valor.

Fuente: Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres (Diógenes Laercio).

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

17 comentarios

  1. Genial el artículo. No conocia esto de Diógenes. Gracias

    1. Gracias a ti por pasarte a leer, sin duda.

  2. Me encantó saber de Diógenes. Fantástico!
    Mil gracias.

    1. Gracias a ti 😀

  3. Excelente Artículo, comparte otros que tengas.

  4. Muy buen sitio. Es un agrado haberme encontrado con esta página. Saludos y … ¡Adelante!

    1. Muchísimas gracias Dylan!

  5. Excelentes anécdotas muy buenas páginas

    1. Muchas gracias 😉

  6. Me fascinó conocer algo más de Diógenes. No sabía con exactitud lo de su famosa lámpara. Gracias.

    1. ¡Gracias por escribir!

  7. Esta filosofía de Diógenes, ayuda mucho, para tener conceptos de la vida diferentes. El artículo es excelente.

    1. ¡Gracias, María José!

  8. Me encanta la inteligencia d Alejandro. Y Diògenes el cínico es increible !!!!!!! Gracias.Ana

    1. ¡Gracias a ti por comentar, Ana!

  9. Por eso Facundo Cabral lo admiraba mancho a Diogenes

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