Efecto Pigmalión: estatuas que cobran vida y profecías autocumplidas

Al principio del curso escolar de 1966, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson escogieron a más de 300 alumnos de un instituto para que realizaran un test de inteligencia. Al repasar los resultados comprobaron que no había ninguno que despuntara en exceso sobre los demás. Hasta ahí todo bien. La cosa es que a la hora de realizar los informes sobre los resultados, cambiaron algunas cosillas. Escogieron al azar a un grupo de alumnos, pasando referencias excelentes sobre ellos a sus profesores. “Fulanito tiene un futuro espectacular, es muy inteligente y tiene unas capacidades extraordinarias, es la leche. Menganita no se queda atrás, es brillante en todo lo que hace, y su inteligencia está muy por encima de la de sus compañeros, una auténtica máquina“.

Una vez repartidos estos informes falsos, el curso escolar dio comienzo y Rosenthal y Jacobson se limitaron a esperar. Cuando el curso finalizó, volvieron a repetir el test de inteligencia a todos los alumnos, descubriendo algo sorprendente.

Aquellos alumnos cuyos profesores creían más inteligentes que el resto habían aumentado considerablemente sus capacidades, consiguiendo resultados significativamente mejores que el resto de sus compis.

Así funciona el Efecto Pigmalión

Durante el curso, los profesores, de forma inconsciente, influyeron en aquellos alumnos para que desarrollaran más sus capacidades, ya que les prestaban más atención, no achacaban sus fallos a la inteligencia sino a su forma de explicar, estaban más pendientes de ellos, etcétera. Y todo porque se lo habían creído cuando leyeron aquellos informes falsos.

Según el Efecto Pigmalión, las expectativas que alguien (un jefe, compañero, profesor o padre) pone en una persona influye de forma significativa en su desarrollo, pues la forma de actuar se modifica. En otras palabras, si todo el mundo cree que puedes hacer algo, seguramente te ayuden de una u otra manera a conseguirlo, al igual que si nadie confía en ti, lo más seguro es que fracases.

Lo curioso es que el Efecto Pigmalión también parece demostrarse con las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos. Si creemos firmemente en algo, inconscientemente modificamos nuestra conducta para conseguirlo, por lo que es más fácil tener éxito, mientras que si pensamos que somos un desastre, lo seremos cada vez más. Es lo que se denomina Profecía Autocumplida. Se resume muy bien en la frase atribuida tanto a Albert Einstein como a Jean Cocteau:

Como no sabía que era imposible… lo hizo

¿Cuál es el origen del Efecto Pigmalión?

El origen de su nombre lo encontramos, como ocurre casi siempre en psicología, en un mito clásico.

Pigmalión era un escultor que se encontraba muy solito y necesitado de amor. Tanto, que se enamoró de una de sus creaciones, Galatea. Su pasión por su propia creación llegó a tales niveles que la trató como si fuera una mujer de carne y hueso, como si aquella escultura estuviera realmente viva. Un día, y gracias a la diosa Afrodita, la estatua se convirtió en una mujer real, convirtiendo los sueños de Pigmalión en realidad.

Pigmalión - Jean-Baptiste Regnault (1)

Este mito tiene una versión más reciente que todos conocemos: Pinocho, el muñeco de madera que se acaba convirtiendo en un niño de carne y hueso para alegría de su carpintero/padre, Gepetto.

Pinocho

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Nací en Sevilla en 1988, soy del Betis (manquepierda) y me encanta escribir. Soy autor de "Maldito Destino", la frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera" y actualmente trabajo en marketingpublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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