Escribanía, cuando escribíamos sin pantallas

Aunque hoy día la escritura es una habilidad que se ha democratizado bastante gracias a la alfabetización y a la aparición de las nuevas tecnologías (escribimos más que nunca, aunque sea a través de una pantalla de móvil o de ordenador), lo cierto es que hasta hace poco, escribir era una distinción de las clases más elevadas.

Cuando escribir no dependía de un teclado ni mucho menos de una pantalla, lo que marcaba la diferencia no era contar con el último modelo de Apple, sino tener un juego de escribanía acorde al estatus de cada uno. Todo escritorio que se preciara debía contar con una serie de elementos que, aunque parezca mentira, hoy día siguen gozando de mucho éxito entre los amantes de las antigüedades o los que seguimos disfrutando de escribir a mano, aunque sea un artículo de curiosidades que publicaremos después en una web como esta.

Estos elementos, además, han sido tan importantes que incluso su uso durante tantos años ha dejado algunas curiosidades en nuestro lenguaje. Allá van los imprescindibles de toda escribanía que se precie:

Tintero

Es el elemento básico y el primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en cómo escribiría una carta Sherlock Holmes. Se trata de un pequeño recipiente en el que, como buen spoiler hacer su nombre, reposa la tinta en la que mojaremos la pluma. 

La expresión “no dejarse nada en el tintero viene precisamente de agotar toda la tinta del recipiente escribiéndolo todo (sin dejarnos nada olvidado). 

tintero y pluma

Pluma

El elemento indispensable para escribir mojando la punta en el tintero y deslizándose por el papel. 

El nombre de las actuales plumas procede de las primeras que se utilizaron para escribir, auténticas plumas de aves, generalmente tomadas de las alas de cisnes, gansos o pavos, aunque se podían usar de casi cualquier ave de gran tamaño. 

Hoy día, cuando alguien escribe (o habla) de forma incisiva y certera decimos que tiene “una pluma afilada“, haciendo referencia a las antiguas plumas que había que afilar tras el desgaste que sufrían por su uso. 

Salvadera

La salvadera era otro recipiente que se llenaba de arena secante. Esta arena se dispersaba sobre el papel para secar con mayor rapidez la tinta húmeda recién escrita, y estaba compuesta de sal, arena y minerales. Con la llegada del papel secante, dejó de tener sentido. 

Aunque hoy no se utilice, podemos ver esta palabra en algunos escritos antiguos. Como escribió Quevedo en Sueños y Discursos sobre los genoveses: “…hecho polvos en salvadera quiero estar, antes que verlos dueños de todo”.

Timbre

Asociado sobre todo a las personas más adineradas, ya que servía simplemente para avisar al servicio doméstico, bien para que se llevara la correspondencia bien para que empezara a preparar el té con pastas.

Abrecartas

El “marcar como leído” de siglos pasados. Un pequeño cuchillo con el que abrir los sobres y disfrutar de las apasionadas cartas de amor o conspiraciones políticas que nos llegaran.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Nací en Sevilla en 1988, soy del Betis (manquepierda) y me encanta escribir. Soy autor de "Maldito Destino", la frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera" y actualmente trabajo en marketingpublicidad.es como Director de Proyectos (SEO-SEM-Analítica-SM). Con esto te haces una idea ¿no? :)

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