Motín de Esquilache

Esquilache: capa larga y chambergo

Marzo de 1766. Domingo de Ramos. En torno a las cuatro de la tarde. Algunos hombres, españoles, pasean ataviados con sus tradicionales capas largas y sombreros por la plaza Antón Martín de Madrid. En esa plaza hay un cuartelillo, y el objeto de los civiles es provocar una reacción en los soldados. Días antes se ha prohibido el uso de capas largas y chambergos (sombreros de copa baja con alas anchas) a toda la sociedad. El motivo: muchos ciudadanos portaban armas produciendo no pocos altercados cada día; con tal vestimenta, las armas y la cara de los delincuentes podrían ser ocultadas sin el menor esfuerzo.

Finalmente, los militares le dan el alto. Ante la orden de despojarse de tales prendas, uno de los ciudadanos saca una espada, silba y tras su señal, cientos de ciudadanos aparecen en la plaza. Los soldados se ven obligados a huir ante el gran número de contrincantes, capa, chambergo y espada en mano, que empezaban el Motín de Esquilache.

Aquellos hombres han visto cómo el precio de los alimentos básicos sube de forma imparable. La sequía (durante seis años) y las formas de mercado que el Rey Carlos III había implantado provocaban que el pan, el tocino y el aceite tengan un precio casi prohibitivo. El pueblo tiene hambre.

A esto se le une la política llevada a cabo por Leopoldo de Gregorio, más conocido como el Marqués de Esquilache. Junto a otros italianos, es de la total confianza del Rey en su reinado. Esquilache quiere renovar por completo Madrid, muy anticuada en comparación con el resto de ciudades europeas. Lleva a cabo numerosas reformas higiénicas (empedrado de las calles), dota a la ciudad de luz por medio de faroles (antes era totalmente oscura, y la noche, muy peligrosa), prohíbe los juegos de cartas en las tabernas, portar armas de fuego, manda construir monumentos (arcos conmemorativos, teatros, palacios…) y, como ya hemos dicho, prohíbe algunas prendas de vestir, también muy pasadas de moda con respecto al resto de Europa.

El pequeño grupo de hombres que comienza este motín pronto aumenta  en número. Llegando a contarse miles de cabezas portadoras de sombreros prohibidos gritando ¡Muerte a Esquilache! Al día siguiente y ante los posibles riesgos, se decide mandar las tropas a la poblada Puerta del Sol. Al frente de ellas, la Guardia Walona (o Valona). Los ciudadanos no se detienen ante ellos. Los guardias no se lo piensan y abren fuego. Muertos, heridos, sangre y humo. Sin miedo, los ciudadanos aprovechan el tiempo de recarga para, literalmente, masacrar a varios guardias. La Guardia Walona se repliega.

Un improvisado portavoz (un sacerdote) va a palacio para transmitirle al Rey las peticiones populares: exilio de los ministros italianos, disolución de la Guardia Walona (“Si volvieran los walones, no reinarán los Borbones“), bajada de precios de alimentos, supresión de las Juntas de Abastos y permitir el uso de capas largas y chambergos. Carlos III acepta pero inmediatamente parte a Aranjuez por miedo. Creyendo que huye (y que miente), los madrileños saquean cuarteles, cárceles y almacenes. Días más tarde, el rey confirma que depone, a su pesar, al Marqués de Esquilache, exiliándole a Nápoles, poniendo fin al motín y haciendo caso al pueblo en todas y cada una de sus peticiones.

Por cierto, ese verano, volvió a llover.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en Admiral Seguros en SEO, SEM y RRSS. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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