Giacomo Puccini

Giacomo Puccini, entre La Bohéme y el tabaco

Bien podría decirse que Giacomo Puccini ya estuviera predestinado desde pequeño a ser un personaje reconocido en la música universal.  Tanto su bisabuelo como su padre fueron, antes que él, organistas y maestros de cámara en la Catedral de Lucca, su localidad natal. Pero afirmar eso quizá sería restar méritos a una vida llena de éxitos y supuestos fracasos. A veces, lo mejor, suele ser empezar por el final, y el final de Giacomo Puccini no deja de ser una paradoja en sí misma. Murió por culpa de un cáncer de laringe. La vida no deja de ser cruel, colocando ese mal en la garganta de uno de los mejores músicos de la historia, capaz de escribir para que otras gargantas hicieran las delicias del público. Sus óperas puede que sean celestiales, eso sí, lo que le quitó la vida, fumar, no.

Tiene más paradojas la vida de Puccini. Su vida con su esposa, Elvira, no siempre fue fácil, es más, se podría decir que tuvieron más contras que pros. La fama, los deslices y la continua reclusión en su música hizo que el maestro Giacomo no ayudara mucho en fortalecer su matrimonio. Sus obras más reconocidas, en cambio, giran en torno a una mujer. En Tosca, en La Bohéme y en Madama Butterfly, es siempre una mujer la que centra la acción de cada obra.

Tosca, de Giacomo Puccini
Cartel de Tosca

Para todos aquellos que lean el artículo y no tengan suerte en sus estudios, seguro que les viene bien saber que Giacomo Puccini no fue un buen estudiante en el conservatorio de Milán, de hecho, en una de las cartas que le manda a su madre (su padre falleció cuando Giacomo sólo tenía 5 años), le confesaba lo siguiente: “Mamá, cuando estoy en clase me muero de aburrimiento”. Ya saben que las lecciones que se imparten en la escuela de la vida no se aprenden en ninguna escuela construida por el hombre.

Como todos los jóvenes, Puccini tuvo un ídolo, el gran Giuseppe Verdi. De él toma inspiración para sus futuras óperas aunque se aleja de las temáticas elitistas de su antecesor para fecundar junto a otros autores de su época una nueva forma de escribir óperas, sobre temas reales, veraces. Nada de príncipes y castillos. Pobres, estudiantes, militares, prostitutas, en definitiva, gente corriente, protagonizan sus obras.

Su primera ópera, Le Villi, fue un éxito en Milán. Tanto, que le valió para conseguir un contrato en exclusiva con un conocido editor. El estreno de su segunda obra, Edgar, no fue tan bien acogida por el público, algo que provocó que la editorial rompiera su contrato con Giacomo, que lejos de amilanarse por el fracaso popular (también se silbó a La Traviata de Verdi, le decían sus amigos), buscó mejorar su reputación en sus siguientes obras. Aunque las siguientes representaciones de Edgar no fueron tan negativas, fue la obra Manon Lescaut la que le devolvió el favor del público… y los editores, y es que nadie confiaba en que se pudiera mejorar la Manon de Massenet. Según todos, parece que lo hizo, volviendo a los altares de la música.

En 1896 estrenaba una de sus grandes obras, La Bohéme. A pesar de que algunos críticos llegaron a escribir que “no dejará una huella en la historia de nuestro teatro lírico”, lo cierto es que como suele pasar, los que se toman la vida como una oportunidad de crítica constante, fallaron en sus presagios. La Bohéme es hoy en día una de las obras más representadas en todo el mundo. ¿Quieren ver una de ellas?

En 1900, estrena Tosca, otra obra magistral. El dilema en el que sitúa a su protagonista es de una resolución espectacular. Cuatro años más tarde, llegaría otra ópera cumbre, Madama Butterfly, de nuevo con protagonista femenina y con personajes reales, con problemas y engaños de a pie. Sus estrenos, por cierto, también estuvieron salpicados de abucheos y halagos entremezclados. Giacomo no dejó a nadie indiferente en su época. Hablando de indiferencia, muchos italianos le criticaron que no hiciera ningún tipo de alusión a la Primera Guerra Mundial, según decía, tenía amigos en los dos bandos, por lo que era incapaz de posicionarse o censurar. Cuando acabó, sin embargo, recuperó una vez más el favor popular al estrenar una comedia. No fue aleatorio que Puccini eligiera precisamente una comedia para componer tras la guerra. Gianni Schicchi devolvió algo de humor, gracias a la historia de varios avaros, a los italianos.

Puccini
Puccini, foto de A. Dupont en 1908

Turandot merece un punto especial en la vida de Giacomo Puccini. Un punto que desgraciadamente sería un punto y final. El tabaco, transformado en cáncer de laringe como hemos dicho antes, impidió que el músico pudiera terminar la obra. Con una mujer de nuevo como centro de la acción y ambientada en China, Turandot supuso el final de la obra de Puccini, un final inacabado.

Turandot, de Giacomo Puccini
Cartel de Turandot

La obra, sin embargo, se llegó a estrenar con un final editado a raíz de las anotaciones que dejó Puccini. El director del estreno fue el prestigioso Toscanini y, en esa primera escenificación, la música paró de golpe. El director se dirigió al público y explicó que ahí acababa la representación ese primer día debido a que el autor murió en ese punto. El público abandonó el teatro en silencio, pues así se había quedado la ópera mundial, silenciada.

Maldito tabaco.

Fuentes: Puccini, de Santos Bosch, La Historia de la Ópera Italiana y Kareol.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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