Velázquez obras

La pintura inmortal: Velázquez

Dicen que la vida son momentos. La Historia también. Sevilla fue, tras el descubrimiento de América, la ciudad más importante del mundo. Su labor como conexión entre la metrópoli y el nuevo continente hizo que la ciudad de la Giralda acumulara riquezas, cultura y población. Sin embargo, un siglo después, la ciudad empezaría a cambiar drásticamente, objetivo de  la peste, la quiebra económica y las inundaciones del Guadalquivir.

Es justo en ese momento de transición, en ese momento largo pero constante, cuando nace una luz, un arte, un respiro en Sevilla. En el barrio donde hoy unas inmensas setas brotan desde el suelo, correteaba Diego Rodríguez de Silva en juegos de infancia. El pequeño Diego lo hacía ajeno a su condición de inmortal, pues su nombre jamás se olvidaría, no sólo en su Sevilla natal, sino que en España y en el resto del mundo. Querría la Historia recordarle, en artículos como este, con el nombre de Diego Velázquez.

Diego se alejó de la vida pícara que muchos de los niños de la ciudad adoptaron, entrando en el taller del que sería su suegro, Francisco Pacheco. Pasando de aprendiz a maestro con la misma rapidez con la que hoy se relaciona Meninas con su apellido.

La corte de Felipe IV no fue ajena al pincel del sevillano, por lo que le llaman a instalarse en Madrid como pintor de cámara del rey. Allí estudia con detenimiento la amplia oferta artística que se le brinda. No sólo de ella se sirve para seguir creciendo. Animado por su gran amigo Rubens, viaja a Milán, Génova, Nápoles, Roma y Venecia, y es de esta última ciudad de donde más ideas saca. De ese primer viaje a Italia tenemos dos cuadros parecidos en cuanto a composición y en los que ya se ve el sello original del joven pintor: “La túnica de José” y “La Fragua de Vulcano“.

 

En años posteriores, Velázquez retrataría a gran parte de la corte real española, con obras elegantes y simples como “Felipe IV a caballo” o “Don Gaspar de Guzmán” (Conde-Duque de Olivares):

 

En esta época intermedia de Diego Velázquez es curioso que alterne pinturas de, por ejemplo, bufones de la corte (una gran proporción de su obra)…

 

con momentos históricos como “La rendición de Breda“, más conocida como “Las Lanzas“.Por cierto, que en esta obra también llama la atención que hay hasta 3 personas que miran al observador del cuadro, y que bien pareciera que estén posando para una foto:

Posteriormente hace un segundo viaje a Italia en el que sigue impregnándose de influencias artísticas y pinta famosas obras como “Entrada de la gruta” (de la Villa Médicis) o “La Venus del espejo“. (Hay algunos estudiosos de la obra de Velázquez que fechan las dos obras de la Villa Médicis pertenecientes al primer viaje a Italia y la Venus del Espejo como inmediatamente anterior a este segundo viaje):

 

En su última etapa, Velázquez innova con el tono cromático y la configuración del espacio, alcanzando su techo artístico con obras como “Las Hilanderas” (La fábula de Aracne)…

…o la más destacada y representativa del pintor, “Las Meninas“, en el que él mismo es autorretratado:

En su trayectoria artística también destacan obras de gran impacto y realismo en algunos detalles. Cómo olvidar el vaso pintado en “El aguador de Sevilla” o los huevos en “Vieja friendo huevos“:

 

Velázquez es sin duda uno de esos personajes de la Historia que merecen mucho más reconocimiento por nuestra parte. Diego Rodríguez de Silva, Velázquez, otro inmortal.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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