Las mazmorras de Pedro I el Cruel

En Almodóvar del Río, Córdoba, existe un castillo que gobierna el pueblo desde lo más alto de una montaña. Durante el siglo XIV sirvió de residencia en varios momentos para el rey Pedro I de Castilla, llamado el Cruel por sus enemigos y el Justo por sus fieles. Hoy sabremos por qué sus enemigos lo llamaban el Cruel.

En las mazmorras del Castillo de Almodóvar se acumulaban prisioneros del rey. Pedro I pedía un tributo a los familiares de cada preso para poder sufragar los gastos de manutención. Mientras se cobrara ese dinero, los presos podían seguir ocupando esas mazmorras encadenados, en penumbra y alimentándose a base de pan y agua. Hasta aquí todo normal para la época pero, ¿qué pasaba cuando un preso dejaba de traer dinero? ¿qué sucedía cuando los familiares o amigos dejaban de enviar dinero por él?

Castillo de Almodóvar

En ese momento, Pedro I hacía gala del apodo con el que le bautizaron sus enemigos. Cruelmente, les tiraba por un agujero que se encontraba en mitad de las mazmorras. Tras la larga caída, el preso, si seguía vivo, dejaba de tener esperanzas de salir de allí. Con alguna de sus extremidades rota por el impacto de la caída, al preso se le dejaba de alimentar, muriendo lentamente rodeado de esqueletos, cuerpos en descomposición, excrementos… y oro.

¿ORO?

Sí, oro. Ese habitáculo en el que caían los presos no tenía más salida que el agujero por el que habían sido arrojados. Sin ventanas ni puertas, amurallado totalmente y con una única salida varios metros por encima del suelo. Pedro I el Cruel pensó que, además de servir para matar presos, aquel lugar sería el idóneo para guardar las riquezas que iba cosechando ¿quién querría bajar a por el oro para arriesgarse a acabar como los que eran arrojados allí? Pedro I, no obstante, imaginó que alguien sería capaz de intentarlo, así que ideó un férreo sistema de seguridad para que sólo él pudiera decidir quién bajaba a recuperar el oro.

Caída al habitáculo

Pedro I puso una cadena que llegaba hasta el final del habitáculo. Así, abriendo la compuerta que lo tapaba se podría bajar deslizándose por ella y volver a subir por idéntico sitio. Con este sistema, a priori, parece más fácil que le pudieran robar, sin embargo, hay un detalle que aún falta por contar. El rey trajo consigo un domador de arañas, pidiéndole que la araña estuviera siempre en esa cadena, picando a todo aquel que intentara bajar por ella. De esta manera, si alguien conseguía colarse en las mazmorras, abrir la compuerta y usar la cadena medio en penumbra, el tintineo de esta última alertaría a la araña, que bajaría rápidamente a picar mortalmente al intruso.

Pedro I le pidió al maestro de la araña que le enseñara a coger al arácnido de tal manera que no pudiera picarle. Cuando el rey aprendió a hacerlo por sí mismo mandó que le cortaran la cabeza al domador, siendo entonces el único hombre capaz de hacer que la araña no le picara en caso de necesitar ir a por las riquezas.

Fuente de esta mitad historia mitad leyenda: Guía teatralizada del Castillo de Almodóvar, que recomiendo contratar para aprender un poco de su historia con diversión asegurada.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

1 comentario

  1. Si eso no es ser cruel que venga Dios y lo vea.

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