Miguel Ángel, el artista inteligente

Nació en la provincia de Arezzo, como Mecenas, Guido de Aretino (inventor de los signos musicales) o Petrarca. Desde muy joven destacó no sólo por su inteligencia sino también por su atracción a las bellas artes, algo que no gustaba en demasía en su familia, aristócrata. Michelangelo Buonarroti, más conocido en España como Miguel Ángel, se las tuvo que ingeniar para poder ser inmortal.

Son de sobra conocidas sus grandes obras de arte, y por lo tanto no nos extenderemos en su mención, sin embargo, hay detalles que hacen más grande aún al artista italiano. Como todos, tuvo un referente, un ídolo. Masaccio era ese artista en el que se fijaba, o mejor dicho, en cuyas obras se fijaba, ya que al pintor le envenenaron cuando sólo tenía 27 años. Miguel Ángel se pasaba muchas tardes observando las pinturas de Masaccio, quedando prendido por su obra culmen, los frescos de la capilla Brancacci de Santa María dei Carmine.

En una ocasión, le encargaron a Miguel Ángel esculpir una escultura en un enorme pedrusco de mármol que un artista anterior había dejado. De ese pedrusco nacería el David, su escultura magna, aceptando el encargo del gonfalonero Soderini después de haber sido rechazado por el mismísimo Leonardo da Vinci. Una vez acabada la escultura del David, el gonfalonero criticó el tamaño de la nariz, creyendo que era demasiado grande. Miguel Ángel, que no veía tal error supuso que la percepción de Soderini se debía al punto de vista del primero. Entonces, subió al andamio, e hizo como que corregía con el cincel la nariz, cuando en realidad, lo que estaba haciendo era echar polvo de mármol para causar tal impresión. Tras el engaño, llevó a Soderini hasta otra posición y esta vez sí que quedó totalmente satisfecho con la estatua.

Durante su estancia en Roma se produjo otro singular hecho que nos hace una idea de cómo era Miguel Ángel. Era habitual en la ciudad italiana que se removiera el suelo para encontrar obras perdidas de los antiguos artistas (así se encontraron el Hércules Farnesio o el Laocoonte). Michelangelo hizo una estatua de un Cupido dormido y lo enterró en uno de los sitios donde iban a realizar una excavación sin que nadie lo supiera. Cuando se desenterró todo el mundo creyó el engaño e incluso se atribuyó la obra al gran Fidias. Una vez descubierto el engaño, todos alabaron tanto la habilidad de su contemporáneo para esculpir como para idear semejante acto. Por desgracia, la obra se perdió, siendo, según las palabras del historiador Augusto de Thou, vista por última vez en Mantua en 1573.

En otra de las obras más importantes del italiano, El Juicio Final, hizo varios guiños interesantes. Alguno de los hombres que circulan hasta el Infierno, corresponden a las caras de algunos de los enemigos que Miguel Ángel se ganó en vida. En un principio, las figuras estaban desnudas (posteriormente se encargaría a otro pintor que tapara los atributos de cada figura representada), y ante tal “inmoralidad”, Biaggio de Cesena, maestro de ceremonias del palacio apostólico, difundió a los círculos cercanos del papa la idea de eliminar tal obra. Miguel Ángel, al enterarse, pintó al propio Biaggio en el infierno, siendo mordido por una serpiente en el lugar de su cuerpo con el que más había pecado (según los rumores de la época no realizaba el voto de castidad).

A pesar de la vida extensa y prolífica que tuvo, Miguel Ángel dejó un breve testamento: “Lego mi alma a Dios, mi cuerpo a la Tierra y mis bienes a mis parientes próximos”.



Fuente principal: Biografía de Miguel Ángel por Juan Mas Grau.

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Nací en Sevilla en 1988, soy del Betis (manquepierda) y me encanta escribir. Soy autor de "Maldito Destino", la frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera" y actualmente trabajo en marketingpublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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