El purgatorio de los justos

-Hola, me llamo Carl, y llevo aquí 362 días.

-Hola, Carl – dijeron todos al unísono, incluido Martín.

Martín nunca había hablado en ninguna de las reuniones anteriores. Le gustaba más escuchar al resto de asistentes que hablar sobre sí mismo, pero sabía que si no era capaz de hacerlo, jamás podría dar el siguiente paso, el definitivo. Quizás hoy, pensó, es el día. “Hoy reúno las fuerzas, hablo, demuestro que lo he superado… y a olvidar”.

-Gracias por empezar, Carl – dijo el moderador de la reunión. – Por favor, levántate y háblanos de tu caso.

-Bueno, como he dicho, llevo aquí 362 días. Nací en Nueva York. He procurado ser buena persona, pero a la vista está que no me ha servido de nada… – la cara y el tono de Carl cambiaron, se volvió agresivo en apenas un segundo – ¡Joder! ¡Tenía sólo 32 años! ¡Tenía toda la vida por delante! ¡Mi único delito ha sido ser negro! ¿Cuándo podré salir de aquí? ¿Cuándo? ¡Quiero irme!

-Calma, Carl. Habías empezado muy bien. Estamos aquí para ayudarte a superarlo, recuerda que en cuanto lo consigas, serás feliz eternamente – Carl se echó a llorar, tapándose la cara con las manos y sentándose de nuevo en la silla.- ¿Algún otro voluntario?

Una joven levantó la mano, el moderador asintió con la cabeza y le indicó que se levantara.

-Hola, me llamo Bashira.

-Hola, Bashira- dijeron todos.

-No sé cuánto tiempo llevo aquí, puede que dos años, pero creo que lo he comprendido todo. Lo que nos hace eternos es el amor. Soy capaz de sentir, en su dolor, el amor de mi familia, y sé que gracias a ellos puedo seguir existiendo aquí. Me ha costado mucho, pero al fin he superado mi muerte, pues sé que servirá para que el mundo cambie, para que la gente evolucione. Todos los que estamos aquí deberíamos sentir orgullo por ser como somos. Nosotros somos las palancas que harán que el mundo cambie. Tarde o temprano, nadie matará a ninguna otra persona por tener la piel de otro color, por ser mujer o por amar a quien dicta su corazón, sea del sexo que sea.

-Gracias, Bashira. Estás más que preparada. Cuando quieras, puedes irte. ¿Algún otro voluntario?

Martín alzó la mano con decisión, se levantó de la silla con ímpetu y empezó a hablar ante la atenta mirada de toda la sala.

-Hola. Me llamo Martín. Y llevo aquí seis días.

-Hola, Martín.

-Toda mi vida he sentido miedo. Miedo a decir lo que pienso, miedo a expresar mis sentimientos, miedo a mostrarme tal y como soy. Hasta hace unos minutos tenía miedo, incluso, de que mi mayor amor, Fernando, tardara más que yo en salir de aquí. Nos dieron una paliza, una paliza mortal por besarnos. ¡Por besarnos! Es increíble. Hace unos minutos pensaba que jamás podría superar mi muerte, pero ahora sé que siempre hay que mirar al futuro. Sé que hay que entender el pasado para que nuestro presente sea mejor. Las palabras de Bashira me han hecho comprender que aceptar mi muerte me ayudará a seguir luchando, desde aquí, por un mundo mejor. Entre todos, tanto los que estamos aquí como los que aún viven, podemos cambiar el mundo, porque nosotros también somos parte de él. El mundo nos pertenece en el mismo grado que le pertenecemos.

-Enhorabuena, Martín. Creo que has batido un récord. Nadie había tardado menos de una semana en superarlo. Puedes salir.

-Gracias – contestó Martín, mientras dirigía su mirada hacia Carl, aún con las manos tapándose la cara – Carl, llevas demasiado tiempo aquí, no le des esa satisfacción al que te mató.

-¿Cómo quieres que lo supere? ¡Me mataron delante de mi hijo!

-Pues hazlo por él, Carl, hazlo por su mundo.

 

Dedicado a las historias reales en las que se basa este relato, a esas palancas que harán que el mundo cambie a mejor.
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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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