La última interpretación de Molière

Jean Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, es considerado el padre de la comedia francesa. Nadie sabe a ciencia cierta por qué quiso dedicarse al teatro; puede, quizá, que la muerte de su madre cuando sólo contaba con 10 años le empujara a evadirse de su realidad a través de la ficción de los teatros donde, durante unos minutos, como en el cine, los problemas son de otros. Quizá también fuera esa la explicación de por qué optó por la comedia como principal estilo para sus creaciones. La realidad irrefutable es que el autor de Tartufo hizo disfrutar a sus contemporáneos, que asistían a las representaciones de sus obras esperando reír con su humor, ironía y sarcasmo.

Esa ironía se cebó con él en su muerte. Es curioso que la mayoría de los grandes personajes de la Historia tengan un final trágico y fácil de recordar, o puede que sea eso precisamente lo que les haya hecho más grandes a los ojos del tiempo.

La muerte de Molière

La muerte del comediante francés tiene dos curiosidades. Una es real mientras que la otra ha sido aceptada como tal a pesar de no tener pruebas fidedignas para confirmarlo. La real se trata de lo irónico de su muerte. Molière estrenó en 1673 la que sería su última obra, El enfermo imaginario, y es precisamente por su nombre por lo que viene lo irónico de su final. Las tres primeras representaciones de la obra fueron muy bien recibidas por el respetable, ansioso por ver una nueva creación del famoso autor galo; un autor que no escuchó los consejos de su esposa el día de la cuarta representación. Molière se encontraba enfermo ese día y su mujer le pidió insistentemente que no actuara. Molière, haciendo caso omiso -como ya adivinarán- de los ruegos de su mujer, fue al teatro haciendo una gran representación del enfermo imaginario. La obra, sin embargo, no fue completada ya que al final, Molière sufrió un ataque en plena representación y fue trasladado a su casa. Allí, horas más tarde, se firmaba la defunción de uno de los autores de teatro más importantes de Francia.

Se dice, aunque de esto no hay pruebas evidentes, que Molière actuó en esa última representación vestido de amarillo, color odiado desde ese momento por todo tipo de artistas y llegándose a convertir en una superstición muy extendida en todo el mundo. También, por cierto, está muy extendido el decir “Mucha mierda” para desear suerte, que igualmente tiene su origen en el teatro.

El Enfermo Imaginario
Le Malade imaginaire, grabado de Jean-Michel Moreau

Fuente: Theatre History

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Chema de Aquino

Chema de Aquino

¿Quién soy? Un periodista sevillano al que le encanta escribir. Soy coautor de dos libros de relatos sobre el Betis y autor de "Maldito Destino". La frase que más me motiva es "si fuese fácil lo haría cualquiera". Trabajo en MarketingPublicidad.es como SEO/SEM Manager. Con esto te haces una idea ¿no? :)

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